Sin medias tintas

¡No al aventurerismo!, y mucho menos el propiciado por la  irresponsabilidad de un gobierno y de una cúpula militar que ha generado fracturas e inconformidad en todos los estamentos, incluyendo el militar,  circunstancias que han alimentado  el extremismo y sus efectos de desasosiego económico y social. Sea lo que sea la asonada de Valencia el pasado domingo 6 de agosto, el gobierno ha colocado la pista de atletismo para que corra la anarquía y la violencia en el país.  Aquí está la paz de Maduro y de su constituyente. Ahora hablan los fusiles, y ningún demócrata puede aplaudir eso.

Con estas frases quiero sustentar mi postura ante el asalto al fuerte Paramacay  por parte de un comando  dirigido por un oficial disidente de la guardia nacional, quien emitió un pronunciamiento por la vía de las redes sociales. En relación a eso, les digo a los “llaneros solitarios del extremismo,” que nuestro país no se parece a eso. Lo que pasó en ese asalto, si es que fue realizado por actores que así pretenden luchar contra el gobierno,  refleja una incomprensión del talante democrático y civilista que todavía gravita en la mayoría de los venezolanos; por eso es que esta sociedad enfrenta el afán totalitario y troglodita de Maduro y de sus narcos. Toda forma de primitivismo armado, venga de donde venga, debe ser rechazado por los demócratas de este país, porque eso se parece a Diosdado y a los Tareck; porque eso es el chavismo y su flatulencia denominada “madurismo”.

Esta no es una posición “come flor”; es que no soy autista, ni estoy encerrado en un microclima emocional. El totalitarismo se enfrenta con sociedad y pueblo, se arrincona con pluralismo y conciencia, se hiere con la razón que persuade y alienta a la gente para que se haga colectivo, se movilice y luche. El putchismo, el golpismo, la aventura militarista, el vanguardismo irredento e irreflexivo, todas esas fabricaciones del voluntarismo sólo enajenan la lucha de un pueblo contra la tiranía, la secuestra, la arrincona y le quita eficacia.

Ahora, también es posible que estemos ante una acción de inteligencia del gobierno, algo fácil de imaginar ante las características de tal operación, debido a que más parece un montaje cuyo propósito sería  justificar más conductas represivas bajo el aura de la defensa del Estado ante una arremetida golpista. ¿Hubo acaso ingenuidad? ¿Hubo acaso una mayúscula irresponsabilidad? Por supuesto que más adelante se sabrá que pasó allí; pero si se quiere una respuesta, es la siguiente: los verdaderos demócratas no tienen nada que ver con este espectáculo sangriento. Los demócratas actúan sobre la base de una línea política y sobre todo moral, y el asalto a esa instalación militar es ajeno a esa línea que no pretende, por cierto, superar el militarismo ramplón que gobierna el país con más militarismo. La solución a la grave crisis estratosférica que somete a nuestra nación no se encuentra en los cuarteles; al contrario, en ellos se encuentra la raíz de los problemas; en los cuarteles está  un virus que ha estado atrofiando el desarrollo democrático de Venezuela durante años.

En esta hora menguada para la democracia le queda al país civilista enarbolar la bandera del Bolívar de Angostura cuando dijo: “La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos”. Esta bandera no se defiende con atajos. Esta bandera se defiende con organización popular y se defiende con votos. Esta bandera se defiende con pueblo, no con superhéroes, que por cierto, ya estamos cansados de ellos.

Beltrán Vallejo

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