El hambre y la necesidad como elementos electoreros

Fuimos al proceso electoral para las elecciones de gobernadores con el convencimiento de que el voto es el arma que por excelencia brinda el sistema democrático para expresarse y cambiar gobiernos, en paz. Sabíamos que el  proceso comicial plagado estaba plagado de opacidad y ventajismo, con reglas que el árbitro cambió hasta el último momento, siempre en abierto perjuicio de los candidatos de la MUD, pero confiamos en la participación abrumadora del pueblo y esto no ocurrió lamentablemente por diversas razones que no vale la pena analizar en estas cortas líneas.

Frente a una elección con la cual el CNE ya estaba en vieja mora de casi un año, se debió ejercer toda la presión que el ambiente de abril propiciaba, con la gente de pie, en las calles de casi todas las ciudades y pueblos, hasta lograr, como prioridad, una depuración del Poder Electoral y la fijación de un cronograma cierto. Había suficiente respaldo nacional e internacional a los efectos de emprender esa inaplazable cruzada.

La grave revelación que hiciera en agosto la empresa Smartmatic con relación a la manipulación de la data en “al menos un millón de votos” durante la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, dio pie para afincarse en un enérgico reclamo que se hizo con la contundencia que ameritaba la estafa electoral que dio origen a la ANC y que debíamos desnudar en el proceso regional y así se hizo. Con todo el poder desatado en diversas manifestaciones el gobierno no logró un crecimiento importante con respecto al 2015  en número de votos sin mencionar los más de 8 millones de votos de la constituyente que mutaron a 5.819.344 sufragios en este proceso.

Participamos y demostramos que la ANC es írrita y un invento de Tibisay y que los resultados electorales fueron producto de la más descarada de las delincuencias electorales aunadas a los abstencionistas que lograron “anularnos” más de 4 millones de votos. La imposibilidad de retirar del tarjetón los candidatos que perdieron en las primarias, potenció el voto nulo. Cinco días antes del 15-0, el CNE mudó 274 centros de votación, lo que afectó a más de 700.000 electores de 16 estados. La Red de Observación Electoral expone que en las regionales, 44% del escrutinio no fue público.

El descarado reparto de cajas del CLAP, refrigeradores, neveras, televisores y línea blanca, había abonado el milagro de un Presidente con 80% de rechazo popular, que, en un país paralizado, en medio de una creciente hambruna y una escalofriante inflación de 1.200% este año, logra rodearse de 18 gobernadores obsecuentes, es decir, leales a política tan nefasta. El hambre y la necesidad se convirtieron para Maduro y su gobierno en una forma de control y en un método de ganar elecciones.

César Malavé

cesarmalave53@gmail.com

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