Juan Barrozzi: Ni el primero, ni el último

Escribir para unos es tan fácil. Para mi resulta difícil, pues mi atención dispersa me aleja de escribir textos de múltiples párrafos, pero vamos a intentarlo, y asimismo, hacerlo regularmente para este medio de informativo. La verdad no es el primero, tampoco será el último, pero es como un reinicio, como comenzar de nuevo. Como levantarse cada díae intentar vivir y apreciar los sentidos que nos sucumben en el dolor y nos aleja de nuestra verdad. Es tan ilógico decir que estamos conscientes, cuando precisamente este plano dimensional esta hecho precisamente para obviar lo real, o es como decir que mediante lo real nos hace alejarnos de lo verdadero. Es como una carrera donde los sentidos nos hacen olvidar lo verdaderamente importante que es lo que llevamos grabado en el alma. Que no tiene sexo, edad, pero si identidad, pero son precisamente esos sentidos y lo que observamos los que nos evocan y despiertan, sin lugar a dudas, no es algo que no parezca lógico pero estoy convencido de que lo es.

Como hacer una analogía entre lo que me salió del corazón o de la mente y lo que me propuse a escribir. Vaya tarea, pues como político mi tema es Venezuela y su libertad, es precisamente donde lleva a decirles que escogimos nacer en ese territorio, creamos su egregor y lo alimentamos, soy ferviente creyente que somos una extensión de la tierra, que pensamos, sentimos de acuerdo a los caminos recorridos, y claro mientras más caminos más amplia será nuestra visión y riqueza, pues nosotros elegimos vivir en esta época y en dictadura, nosotros escogimos ese aprendizaje mediante el dolor, nos toca trascender nuestro sentidos para lograr trascenderla y lograr nuestra libertad y la de Venezuela, está en nosotros asumir cuanto va a durar y cuan fuerte o débil será su aprendizaje en nosotros, escogimos desbordar las emociones, y escogimos ese camino para aprender mucha cosas como sociedad, incluyendo en ello la humildad, y es que considero que los venezolanos somos tan poco humildes, crecimos oyendo esa leyenda urbana de que somos ricos sin serlo, porque la riqueza de un país reside en sus habitantes y no en su suelo, y si es cierto que nos parecemos a donde nacemos, y es por ello que tal vez nuestro trabajo sea honrar lo rico de nuestro suelo, de nuestra geografía, o tal vez antropológicamente, somos tan biodiversos como la nieve, selva, desierto, sabana, jungla, que es precisamente que no llegamos a ponernos de acuerdo, creemos siempre tener la razón y hablar con una propiedad dada por la divinidad, sabemos más que el que estudia, pues no hace falta estudiar, ya sabemos, “somos venezolanos”.

Hoy nuestra falta de humildad y poca capacidad para ponernos de acuerdo, nos lleva a otras tierras aprender lo que en nuestro suelo fuimos incapaces de ver o comprender, pues yo el abogado que se sentía orgulloso de ser uno de los más destacados de su promoción y ser uno de los poco que ejercía con éxito en mi ciudad, al tener una cartera de clientes siendo tan joven y en un país donde casi todos se comen un cable, me hacía sentir valeroso, claro tomando siempre en cuenta mi reconocimiento de consultar a los más sapientes en las distintas áreas, puertas que tenía abiertas por esa capacidad de lograr empatía con aquellos que se destacan en sus áreas. Yo, ese abogado, me tocó emigrar y buscar empleo de cualquier cosa, inicialmente llegue a un pueblo que jamás imagine que recorrería y menos que viviría en él, una vez viendo el cartel de bienvenida, me dije a donde me trajo Chávez. Ahí me desempeñé de “todero”, es decir en todo… Mesonero, kitchenporter (lava platos) asistente de chef, entre otras. Al final de la jornada, me encontraba barriendo y me pregunté: “¿para qué me esforcé estudiando para ser abogado?” Fue un momento frustrante pero aleccionador. Aprendí mucho más a valorar a todos aquellos que con mucho esfuerzo trabajan sirviendo y más cuando esas personas lo hacen con una sonrisa en sus caras. Como dice mi madre: “si vas a ser chichero, trata de ser el mejor, si vas a ser Carpintero, trata de ser el mejor”. Entonces me dije a mi mismo, Juan trata de ser el mejor en lo que haces y disfrútalo.

Luego de dos meses me toco emigrar para la capital y ya con visa, un amigo me consiguió la oportunidad de laborar en una empresa reconocida, me aviso de un día a otro que tendría el entrenamiento y que luego de dos días, medirían, si me quedaba con el trabajo. Me tomó 6 horas de viaje y dos buses llegar a mi destino, me levanté de madrugada y cuando llego al trial, me toca hacer sándwich de salmón ahumado, luego me pasan al área de lavado y al paso de dos horas me pregunta el manager: ”¿tienes todos tus papales? ¿Puedes venir mañana? Queremos que trabajes con nosotros”. La alegría saltó a mi cara, mi sonrisa, mis ojos se iluminaron, jamás pensé que iba a ser tan feliz de lavar platos. Si me hubiesen dicho hace unos años atrás, que me alegraría por ello, hubiese dicho que eso era imposible y hoy es una realidad, esa realidad que salta en cada historia de cada hermano que lleva en su sangre ese tricolor y que hoy aprende desde el destierro la humildad. Cuesta mucho perder la comodidad y la vida que cada uno vivió en su país, muchos ni se atreven, conozco casos: “¿Yo ser cachifo? Eso no está a mi nivel dicen muchos”.

La verdad no me siento menos, puesto que llego todos los días con una sonrisa, saludando a todos, dando gracias por la oportunidad, salgo de ahí caminando bajo el frio inclemente a mis clases de inglés, para aprender bien el idioma y en unos meses ascender y evolucionar. El tema como país es entender que estamos pasando un momento difícil, pero si somos humildes y trabajamos con disciplina y constancia, podremos trascender lo que vivimos. Si no queremos el comunismo para siempre, si no queremos trabajar en un área para el resto de nuestras vidas, debemos aceptar la realidad con una sonrisa, recibirla, ser humildes y trabajar unidos y con disciplina no para evolucionar pues ya estamos en constante evolución sino para trascender lo que hoy vivimos y según no deseamos vivir.

1 Comment

  • Siulmi

    16 noviembre, 2017 at 3:33 pm

    Maravilloso y una de las cosas que caracteriza al buen venezolano y en mi caso en particular ser cumanesa es el carisma y la sonrisa con la que nos ganamos al público orgullosa de ser cocinera en tierras lejanas, a donde no me trajo ni chavez ni maduro, me trajo la desidia y el conformismo aplastante de mis hermanos venezolanos que se confirmaron con poco aún cuando decían qun eran millonarios, y me decía un extranjero: hija cada pueblo tiene el país que merece, y asimililando pensé: pues este no es el pueblo que quiero y hoy me encuentro aquí trabajando con una sonrisa agradecida con dios y todos los chilenos que sin conocerme me tendieron la mano y me permitieron destacar en una de mis grandes pasiones después de educar, la cocina. Éxito colega la vida está llena de aprendizajes espero nos reunamos pronto

Leave a Comment

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Don't have account. Register

Lost Password

Register