Claudio Fermín: Estamos en medio de una confusión

Como nunca antes,  en las últimas décadas,  el país necesita y urge de un debate luminoso, de un encuentro,  que produzca orientación, porque estamos en medio de una inmensa confusión, observa Claudio Fermín, excandidato presidencial, al examinar los resultados de las elecciones de alcaldías del domingo 10 de diciembre.

Esa confusión ha sido producida por distintas variables, según su análisis.  En primer lugar, movimientos políticos a la defensiva, creyendo que de esa manera ocultan las verdaderas razones de su debilidad, se han convertido en promotores  de la abstención. Viven bajo el espejismo, que al no haber cifras, las muy disminuidas suyas no serán contadas. O por la comparecencia electoral muy reducida, se pueda crear el mito de que sus seguidores forman parte de la alta abstención. En ambos casos hay un engaño, que también es producto de una inmensa confusión, porque el único elemento que potencia y proyecta  el éxito de un mensaje político  y  la actividad organizativa de los partidos es a través del voto.

En este sentido subraya que el voto le indica al país cuál  es el camino de la mayoría y  a gruesos sectores, que no llegan a constituir mayoría, cuál es el camino a seguir.

Es muy evidente que con diversos discursos  se ha llamado a la abstención. Unos creyendo que así  deslegitiman  al Gobierno. Y repiten el error muy grave del 2005 y del 15 de octubre. No legitiman a nadie. No hay ninguna legislación que establezca el requisito que le dé legitimidad al Gobierno. Lo que hace lícito es ganar las elecciones aunque sea por un voto.

El domingo fueron a votar nueve millones de personas. Eso es una abstención altísima, porque si lo redactamos distinto,  no fueron a votar diez millones y medio de personas. El chavismo se mantuvo alrededor de cinco millones y  medio de votos, pisando casi los seis millones. Ese es su radio de influencia  hoy, incluidos los beneficiarios de las bolsas del Clap y de misiones,  así como aquellas personas aterrorizadas ante el temor de ser excluidas si no tenían el carnet de la patria.

Hay, en otras palabras,  casi catorce millones de electores que son despreciados, subestimados por los promotores de la abstención por llevar adelante su estrategia de ocultar sus verdaderas cifras.

El segundo elemento de la confusión es la pérdida de la tarjeta de la Unidad. Mientras esta estuvo vigente y obligaba a candidaturas únicas, el voto opositor se potenció hasta el punto de ganar la Asamblea Nacional. Cuando se extinguió y cada una de las organizaciones que logró validarse  quiso demostrar  que tenía más arraigo que las otras validadas de oposición, se potenció una lucha sin cuartel que no solo acabó con candidaturas unitarias, sino que deshizo el compromiso de estrategia unitaria. Y la mitad del electorado de la oposición fue seducido por los promotores de la abstención y la otra mitad por su apego al voto.  A éstos últimos se identifica como los derrotados cuando realmente fueron ambos, los que votaron y los que  abandonaron el voto.

Y la confusión continúa en un grado  enfermizo cuando los promotores de la   abstención se sienten triunfadores porque demostraron que  el país no quería votar en una especie de profecía  auto cumplida. Ellos vendían la abstención, inoculaban la derrota y luego reclaman méritos por haberla perdido.

Y un elemento adicional de confusión, que algunos  en sus  irrenconciliables diferencias han tomado como adversario a la MUD y no al Gobierno, creen que la derrota del domingo fue una protesta contra la Mesa haciendo una lectura forzada y postiza de la realidad.

Lo del domingo fue una derrota de la oposición y la revelación de una población electoral desconcertada, confundida, que fue sometida a mensajes de intrigas internas, de inmadurez, de perspectivas nubladas de los verdaderos problemas del país.  Y por si fuese poco no puedo dejar de mencionar que quienes han venido promoviéndose como defensores de la democracia, de los vecinos y de la descentralización, le dieron la espalda y despreciaron el esfuerzo de los dirigentes locales, parroquiales, rematando con el cínico mensaje de que nada de eso vale. Que las alcaldías no sirven, que lo importante es votar por las presidenciales.

Estamos sumergidos en un océano de confusiones y discursos  suicidas que son un verdadero retroceso en las propuestas de cambio unitarias. Aunque  utilizan un ropaje y un lenguaje que subraya deliberada y  propagandísticamente la dignidad y defensa de los principios, la verdad es que los  abstencionistas no hicieron otra cosa que entregarse.

Y el país  va a sufrir esa lección estos próximos cuatro años. Porque más de 300 alcaldías serán convertidas en vulgares oficinas de proselitismo partidista, alcabalas del Carnet de la Patria, debido a que unos cogollos absteccionistas se les ocurrió embaucar a medio país en la tesis de que estas elecciones no tenían ninguna importancia. No creo, viendo hacia el futuro, que tengan capacidad de autocrítica los cabecillas de este empeño abstencionista. Por lo contrario, van a insistir en ello, porque atizando el odio contra el gobierno, contra el voto, contra la MUD, contra cualquier referente establecido, creen que así atizan el descontento y lo capitalizan.

La vieja estrategia no tiene nada nuevo. El viejo esquema del agitador, vulgar y corriente, subrayan el malestar, denuncian el malestar, popularizan la conciencia el malestar, creyendo que así lo capitalizan y que te convierten en su antítesis cuando en el fondo  lo que hace es sedimentarlo.  Lo más útil para que  ese estado de confusión comience a esclarecer,  es el  deslinde con esos sectores abstencionistas. Y que el país sepa quiénes defendemos el voto por la vía del voto, la prédica y la concurrencia política y electoral.  Perdió el país  la oportunidad de tener buenos gerentes, de despartidizar  los servicios. Y ganó el gobierno.

 

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