Una nueva oportunidad

Cuando termina e inicia un año es una oportunidad para comenzar de nuevo, es una oportunidad de mirar el pasado y hacer reflexión de las cosas que te sucedieron en el año que está por terminar, por las que estás agradecido, de quienes somos, donde estamos, hacia donde vamos, pero más importante aún es preguntarnos qué queremos, qué nos hace feliz, cuándo fue la última vez que nos sentimos plenos, ubicar ese qué quiero hacer. Mi recomendación es que busques cosas que te emocionen cuando las pienses, no te centres en cómo hacerlas, esto ya lo pensará el Universo, céntrate en ese quién quiero ser y qué quiero tener.

El último día del año 2017,  abrí los ojos y me quede acostado pensando en lo que había sido mi año, creo que todos hacemos ese ejercicio finalizando una etapa o en este caso un año, aunque también es posible que algunos no lo puedan hacer debido a que la dinámica del día a día no les da tiempo de mirarse a sí mismos. Si no lo has hecho, aprovecha y evalúa todo aquello, qué viviste, qué disfrutaste, qué te gustó, y lo qué no, agradécelo y ve cual fue el aprendizaje, y solo tú tienes el poder de cambiarlo, todos lo tenemos, solo que muchas veces no lo vemos. Mientras recorría mis vivencias, vi los rostros de personas que estimo y decidí escribirles y saber cómo iba su día y qué harían, la respuesta de cada uno fue como la canción de los Enanitos Verdes “Lamento Boliviano”: la vida no sirve, estamos sufriendo, Venezuela no sirve, ahí estamos, por lo menos estamos vivos; mis palabras fueron de aliento y optimismo y las respuesta en su mayoría fue: claro como no estás en Venezuela es fácil decirlo. Solo me retrotraje y pensé en todo los momentos difíciles que he vivido como emigrante, pero tal vez solo se necesita ser emigrante para saberlo. No iba  a caer en la discusión de sobre quien era más sufrido o miserable, jajá ¡vaya diatriba! ¿No?

Me dispuse a ir a trotar lo cual disfruto y desde que empecé a sufrir lo que posiblemente sea una artritis reumatoide, y digo presumo pues, es la presunción de algunos médicos venezolanos a distancia, y lo que tal vez me diagnostiquen en Dublín en algún momento, a razón de que el sistema de salud acá es muy malo y aprovecho para hacerle una reverencia a nuestros médicos venezolanos, son una maravilla. Prosigo, salí y decidí enfrentar mi dolor y hacer lo que disfruto, me puse mi franela del Team Todo Terreno (grupo de atletas sucrenses que participan en triatlones y maratones) y me fui a recorrer 3 kilómetros que son pocos pero para tener 3 meses sin trotar son contraindicados, de igual forma los disfruté mucho y mientras lo hacía pensaba en que siempre habrá momentos difíciles y está en nosotros escoger cómo vivirlos, si ser felices o no; un amigo, Alfonso mella siempre me dice que el sufrimiento es un estado mental, nosotros escogemos si sufrimos o no. Mientras trotaba, fui observando mi vida del último año, no pude evitar trasladarme la avenida Santa Rosa el 19 de abril 2017 mientras fuimos reprimidos por efectivos de la Guardia Nacional, reviví esos intensos días de lucha, de prisión de tantos jóvenes y gallardía de tantos padres que lucharon por la libertad de sus hijos.  Jóvenes de rostros valientes que con gallardía aclamaban justicia, paz y libertad,  entre ellos destacan: Carlos Galantón, Anthony Malave,  Armando Romero, Moises Aseada, José Cova, José García, Andrés Salmerón, Adrián Viña. José Rengel (periodista), Cesar Barroso, Félix Salazar, Keybi Carrasco, Omár Level, Moises Blanco, Yefferson Espinoza, Anyerson Salazar, Daniel Sánchez, Paul Elguezabal, Alejandro Rincones, Emmanuel Cumaná, Luis Martínez, Emmanuel Bernal, Carolina Yzabal, Carlos Daniel Cabello Marchán, José Alejandro García Rodríguez, Oscar José Dancourt, Jesús Rafael Lanz, José Núñez, Henry García Díaz, Darwin Pinto, Jefferson Contreras Mago, Manuel Alejandro Gil, Julio Coraspe, Maria Eugenia Ordaz, Leonardo Ortega, Jesús Arcia, Francisco Gómez, Juan Rodríguez, Manuel Perez, Keyla Ortega, Anderson Romero, Ángel Romero, Héctor Luis Vicent, Ramón Castro, Francisco Bello, Carlos Durán, Evaluz Estrella Suárez, Yonaiker Rivero, Jefferson Flores, Yndira Lugo, y el mayor ejemplo de lucha en esos difíciles días, el joven RICARDO CAMPOS, asesinado por la Policía Municipal por cerrar junto a sus vecinos su calle en Cumaná, siendo otro claro ejemplo de que protestar es un delito ante el actual régimen.

Luego de revivir nuestra intensa primavera, solo me quedó el sabor amargo y una inmensa frustración, aumentados al ver que nuevamente la sociedad y los sus políticos están desconectados. Tal vez faltó algo por parte de aquellos que elegimos como voceros, quizá algo así como: ­­ —Cometimos un error, subestimamos al gobierno — O tal vez lo que realmente faltó fue decir —PERDÓN —, y no bastaba con decirlo solo una vez, sino muchas veces; de parte de la unidad que no asumió el error de generar esperanzas por encima de las capacidades de sus actores; por asumir una batalla como si fuese el final de la guerra, desbordando así pasiones que terminaron en cientos de jóvenes muertos; pero no solo los políticos cometieron errores, también debe pedir perdón los  millones de venezolanos que exigieron el cambio desde la comodidad de sus casas; los que nos fuimos del país, aún más, aquellos que desde la distancia pretenden decir qué hacer y cómo hacerlo (el que tiene buena voz no manda a cantar a otro, vaya usted mismo y hágalo); aquellos que reclaman que la salida es armada y no agarran un fusil, entre estos también caben lo que piden la inmolación ajena, (en esto último yo he sido muy enfático, jamás pediré a los demás que hagan lo que yo no estoy dispuesto hacer); aquellos que hasta hoy son chavistas y no asumen el legado que nos regalaron, sobre todo lo que siguen siendo chavistas y se van del país porque — ¡Es imposible vivir así!—; los que dijeron que esperaban un héroe y, cuando este apareció, lo dejaron morir solo, en el Junquito;  y también deben pedir perdón aquellos que creen saber todo y no terminan de entender que aún nos falta entendimiento; en lo persona siento que debo pedir perdón por burlarme de aquellos chavistas que jamás les llegó el pernil y hoy nadan en la mierda y sufren el resultado de lo que construyeron. Pero los impávidos no son los único que tienen algo porqué pedir perdón, también están los que creen que luchar es un logro y te lo echan en cara poniéndose a sí mismos como los grandes mártires, cuando en realidad, luchar por Venezuela, es una responsabilidad personalísima; o los que eligen como enemigo a otro venezolano que sufre y padece de igual forma, cuando en realidad los entes de todo mal son otros; siento que también debo pedir perdón por caminar y caminar sin lograr ganar la batalla, por no entender a aquellos que no vieron más opciones o a los que aun teniendo opciones no tuvieron dignidad. El mundo somos nosotros si cambia tú, cambias el mundo. Más allá de todo esto, quiero pedir perdón por ser pesimista y no creer en más salida que Maiquetía, perdón por pensar que podemos lograr el cambio. A aquellos que me sacan en cara que me fui del país sin darle el valor a más de 10 años de lucha, sin esperar por ese cambio tanta veces prometido —  Perdón, es fácil criticar cuando vieron todo desde lejos.

Así mismo y no menos importante,  a todos esos jóvenes que  invite a participar en política y les dije que podríamos lograr un cambio, un país distinto y un mundo mejor y hoy solo vemos la destrucción de lo que juramos salvar, por llenarte de esperanzas y hacerte unas expectativas más grandes que nuestras capacidades les pido mis más sinceras disculpas.

Por no serme fiel a mí mismo en más de una oportunidad, y por tal vez no ser ese hijo, hermano, amigo, dirigente, compañero perfecto. Luego debo pedirme perdón a mí, aun así, mientras recorría la costa irlandesa y caía el agua de la lluvia perenne de este lugar, agradecí por cada segundo y lección dada en mi vida, y te invito a ello, ¿Qué mejor que iniciar un año? No les deseo un año maravilloso  donde todo sea bueno, ese es un pensamiento mágico, infantil, utópico. Les deseo que se animen a mirarse, y que se amen como son, que tengan el suficiente amor propio para pelear muchas batallas y la humildad para saber que hay batallas imposibles de ganar por las que no vale la pena luchar.

Les deseo que puedan aceptar que hay realidades que son inmodificables, y que hay otras que, si salimos del lugar de la queja, podremos cambiar.

No se permitan los “no puedo” y, aún más importante, reconozcan los “no quiero”. Les deseo que escuchen su verdad, y que la digan con plena conciencia de que es solo su verdad, no la del otro.

Que se expongan a lo que temen, porque es la única manera de vencer el miedo.

Que aprendan a tolerar las “manchas negras” del otro, porque también tenemos las nuestras, y eso anula nuestra posibilidad de reclamo.

Que no se condenen por equivocarse; no somos todopoderosos.

Que crezcan hasta donde y cuando quieran.

No les deseo que el 2018 les traiga felicidad, deseo que logren ser felices, sea cual sea la realidad que les toque vivir.

Que la felicidad sea el camino, no la meta, siempre toma la mano del Gran Arquitecto del Universo o cualquiera que sea tu dios o inteligencia superior, para que todas sus metas y sueños se cumplan bajo su voluntad.

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